miércoles, 26 de mayo de 2021

LA FUERZA DE LA LEY Y LA SEGURIDAD

 

    En el marco de la mayor preocupación de las autoridades encargadas de la ciudad y nacionales por revisar la legislación para enfrentar el delito, tuvieron eco las apreciaciones de altos dirigentes políticos y funcionarios acerca del endurecimiento de la política represiva como única salida a la ola de inseguridad.

    Algunos funcionarios pusieron énfasis, en relación a ese problema, en la necesidad de aplicar “mano dura” contra la delincuencia, cuyo aumento atribuye en gran medida a la laxitud de la legislación vigente y desvincularon de la problemática social.

    Otros, por su parte, se colocaron en línea con la demanda de mayor dureza pero reconocieron que el término utilizado podía asociarse con los desbordes represivos y la política del “gatillo fácil” que sufrió la provincia en el pasado y en los años recientes.

    Hubo quienes criticaron más abiertamente las posiciones en defensa de la mano dura y propusieron, en cambio, una mayor severidad en la aplicación de las leyes existentes.

 

    La manera con la que los funcionarios y dirigentes de relevancia se refieren a una de las cuestiones de mayor preocupación cotidiana no es siempre satisfactoria y hasta puede generar efectos equívocos y contraproducentes.

    En primer lugar, no ayuda que el tema de la seguridad ciudadana, afectada por el aumento de la delincuencia común en distintas dimensiones de la vida de las personas, sea colocada bajo el prisma de la especulación y la conveniencia electoral.

    Se trata, en verdad, de una cuestión de Estado para la que debería existir una cooperación básica entre las distintas líneas políticas, los gobiernos y las oposiciones.

    En segundo lugar, está demostrado que el combate a la criminalidad debe atender en la actualidad múltiples factores, políticas sociales y preventivas, que acompañen y lleguen a colocar en un lugar secundario la acción represiva del Estado. Es erróneo, por lo tanto, plantear la lucha contra el delito en términos de una opción entre el ataque a sus manifestaciones directas o el combate a sus causas sociales más profundas. Tal dilema es, en todo caso, un síntoma de que no se logra hacer bien ni una cosa ni la otra.

    En tercer lugar, la lectura de lo acontecido en nuestro país permite acordar en que existe una enorme tarea pendiente en mejorar la administración de Justicia y las fuerzas de seguridad, en los recursos y en la organización de esas instituciones. Quienes han ejercido y ejercen responsabilidades de Gobierno no pueden desconocerlo.

    Una legislación más represiva no resolverá el problema de la eficiencia en su aplicación. En tal caso, el reclamo de “mano dura” puede remitir peligrosamente a una discrecionalidad que sería una muestra de debilidad más que de fortaleza.

 

    El genuino reclamo ciudadano frente a la inseguridad, registra por los más recientes estudios de opinión pública, debe ser transformado en respuestas inteligentes, legislación adecuada, eficacia en la represión del delito y desarrollo de políticas preventivas de seguridad ciudadana.

    Se trata en suma, de aplicar la ley con corrección y firmeza pero sin excesos y, además, diagramar políticas de seguridad que tomen en cuenta los numerosos factores que inciden en la generación del delito, entre ellos los de orden económico y social.

Editorial publicado por el diario Clarín el 20/09/04

TÉCNOLOGÍA Y FAMILIA

 

Señor Director:

    Es indudable que internet ha traído cambios muy positivos para la vida de muchas familias en nuestro país y en el mundo, por ejemplo, la posibilidad del teletrabajo, la educación a distancia a través de internet, una intensa vida social con Chat y correos electrónicos. Pero esto ha modificado las pautas de conducta de muchos de sus integrantes.

    Creo que el acceso a los recursos que tiene Internet no siempre tiene consecuencias positivas. Es frecuente ver que los  adolescentes y jóvenes – por estar frente a la pantalla de la computadora- invierten peligrosamente sus horarios, le quitan horas al sueño y básicamente, al contacto con los otros “reales”, amigos y miembros de la familia.

    Es cierto que internet es un instrumento que posibilita una nueva forma de relación interpersonal, pero ésta es muy distinta a la relación íntima y cara a cara que se da en las familias.  Por eso, la pérdida de la noción de contacto personal-físico y emocional que en el mundo de la redes sustituido por la transmisión y la interacción virtual- podría afectar las relaciones familiares.

    El hogar constituye un ámbito privilegiado donde rápidamente podemos detectar las consecuencias de un uso abusivo de la red, con claras repercusiones en  el conjunto del entorno familiar. Todos deberíamos prepararnos para el gran desafío de este nuevo milenio: lograr integrar los increíbles desarrollos científicos y tecnológicos-simbolizados aquí en Internet- de modo tal que permitan ampliar los límites de la expresión humana sin deshumanizarla, sino enriqueciéndola y profundizándola.

 

María Lidia Saguier (socióloga), Buenos Aires,

Revista Nueva (Texto Adaptado)

 

 

 

Extraído para uso escolar: https://www.buenastareas.com/ensayos/Texto-Argumentativo/3717658.html

LA GENTE LE HACE MAL A LA TV

 

De Carlos Marcucci

 

          Hace un tiempo leí un comentario de Umberto Eco en el que afirmaba que no es la televisión la que le hace mal a la gente, sino que la gente le hace mal a la televisión.

 

          La televisión tiene una intención y una estética particular y franca, y en esa medida sería bueno respetarla y juzgarla por lo que es y no por lo que uno desea que ella sea.

 

          Versátil, fragmentada, díscola, mentirosa, auténtica, tonta, inteligente, multiprocesadora de infinitos géneros, abierta a los formatos más insospechables a través del cable o la codificación. Manipuladora, reticente o expansiva, totalizadora a partir del satélite, repetidora de algunos modelos y destrozadora de otros, dependiente en los canales de aire del parpadeo de la publicidad, la televisión es un electrodoméstico más, presente en casi todos los hogares.

 

          Su misión es bastante obvia: darle fútbol a los que deseen fútbol, comedias blancas a los románticos, pavorosos incendios a los piromaníacos, programas pasatistas a los que se aburren, o frivolidades a los amantes de la vida simple. Hay de todo y para todos, hasta produce la ilusoria sensación de cumplir con el tan ansiado deseo de justicia social, igualando en un mismo acto a pobres y ricos, débiles y poderosos.

 

          Libro de lectura de los niños actuales, pizarrón de la educación a distancia, la televisión -según algunos- ocupa nueve años de nuestra vida, si se tiene la suerte de llegar a mi edad. Si un televidente promedio se pasa tres horas diarias frente a la pantalla, habría que preguntarse entonces, ¿quién lo obliga a hacerlo?, ya que la supuesta esclavitud a la que lo sometería el medio termina con el solo acto de apretar un botón.

 

          La televisión es inocente de cualquier cargo que se le impute, no pervierte a nadie, no idiotiza a nadie que no quiera dejarse idiotizar. Como dice un antiguo proverbio chino: "No es el vino el que emborracha a alguien, sino la persona es la que se emborracha". Más aún, la televisión no convence a ningún receptor de lo que este no esté dispuesto a aceptar. Ella volcará toda la información sobre las andanzas y desventuras de Woody Allen, mientras quienes lo consideren un perverso o un santo seguirán inamovibles en sus creencias.

 

          Hay dos realidades que se entrecruzan en el ambiente de la televisión: en una se ejecuta un concierto, se pronuncia un discurso, se comete un crimen, se representa una obra de teatro, se realizan ritos religiosos, en fin, se consumen y se producen los casi infinitos actos de la vida. En la otra se encuadran, se enfocan, se enmarcan, y luego se procesan y se proyectan esos actos hacia la sociedad que los provocó. ¿Qué es aquello que la televisión puede hacer por sí sola que la red social no haya construido antes? Por ejemplo, el chico que contesta equivocadamente en un programa de televisión es un producto de la educación y no de la televisión, la noticia distorsionada es un producto de la manipulación de los operadores políticos, los malos periodistas o los llamados líderes de opinión, pero no una versión autónoma de la televisión.

 

          El rating es fruto de una decisión colectiva y a la vez individual. No hay ninguna confabulación siniestra que nos obligue a mirar el peor de los programas, hay infinidad de caminos por tomar antes de hacerlo: leer, tejer, hablar con los hijos, hacer uno de los tantos cursos para gente aburrida, mirar hacia el techo o participar en acciones de cambio.

 

          No hay objetividad ni subjetividad definidas en la emisión y la recepción de un mensaje televisivo, hay en todo caso una coincidencia, una mezcla de ambas cosas en un interjuego que no es ni fatal ni pecaminoso, es simplemente la posibilidad de un ejercicio de libertades. La libertad de comunicar del emisor y la libertad de atender a ese mensaje o hacerse el distraído por parte del receptor.

 

          Es bueno, entonces, explicar por qué la gente le hace mal a la televisión: porque le da rating a los malos programas, porque además la metaforiza, la confunde con la realidad y, al tomar lo ilusorio como real, la gente le hace, además, mal a la gente con su indiferencia, con su individualismo, bajando los brazos para dejar de luchar en el mundo real, que es difícil de controlar y que, como todos sabemos, no cambia ni desaparece con solo apretar un inocente botón.

 

Extraído para uso escolar: https://www.mendoza.edu.ar/wp-content/uploads/2017/05/5.-Textos-para-2do-y-3er-a%C3%B1o.-Departamental-2017.pdf